¡Salud Diciembre!

 

Es la tercera vez que intento escribir el último texto 2010 desde esta oficina.
El primero de ellos comenzaba con cierta liviandad propia de estas fechas pero, al cabo de unos párrafos, escapó a mi control volviéndose demasiado extenso y supuestamente profundo, abordando temas que trascendían el propósito original de una festiva y simpática  salutación para adentrarse en temas socio-culturales, políticos, filosóficos acerca del Uruguay de hoy y del mañana cercano; el país hacia adentro y hacia fuera, el mundo próximo...
Fracaso. Para profundo muy incompleto, para liviano muy denso.

Prevenido de tal error, encaré el segundo texto desde una perspectiva menos realista y pretendidamente graciosa, jugando con dicotomías más o menos evidentes....arbolito-pesebre, Papá Noel-Reyes Magos, “Stille Nacht”-“Jingle Bells”, Finlandia-Belén, etc.
Iba en la segunda o tercera página cuando en una rápida relectura descubro que lo escrito se había transformado poco a poco en algo muy personal y seguramente generador de inconducentes polémicas: mi relación con las fiestas tradicionales, los recuerdos familiares, la significación de la Navidad.
Tales reflexiones, intimidades al fin, estaban totalmente fuera de lugar en una web de una agencia de publicidad; por eso no están expuestas aquí.

Le eché las culpas al agobiante calor, al cansancio que se acumula cuando un año de trabajo llega a su final, incluso al pedido casi “suplicante” de Pablo en el sentido de que escribiese “algo lindo” (es su manera de decirme dejate de formalidades). Obvio que eran baratas excusas las mías.
Llegué a la conclusión, por eso este tercer intento, de que lo que me complica en realidad, lo que se me hace cuesta arriba, es no saber a ciencia cierta para quién escribo estas palabras. Es cierto que hay notas anteriores firmadas por el suscrito, pero tienen relación con cuestiones específicas, concretas, de nuestra actividad y de nuestra agencia. 
En esta circunstancia se trataba, se trata, de saludar, augurar, congratular y demás verbos afines.
Ya hemos intercambiado saludos y augurios con nuestros clientes, con los Medios, con nuestros proveedores, con los colegas. Es decir, estamos suficiente y recíprocamente saludados.
Como resulta imposible abstraerse de lo que uno fue y es, resolví salir del paso homenajeando en esta última entrega al último mes del año.
Va de suyo que no sólo por las fiestas tradicionales-aclaro que las disfruto como el que más-sino por las múltiples sensaciones que siempre, antes y ahora, me despiertan todos los días de este mes.
Apenas principia diciembre comienzan a aparecer los jazmines y sus gloriosos perfumes en las casas y en el mercado callejero que, respetando las leyes de la oferta y la demanda, arrancó esta vez cotizando a $25 el ramo de tres flores y luego descendió a $15.
Claro que diciembre tiene la aureola de ser un mes “riesgoso”; parece que la población de Montevideo se duplicara, todos los autos salen de sus garajes, la gente anda acelerada, distraída, con agendas que necesitarían días de treinta horas. En fin; bullicio, excesos varios, ajetreo, hombres y mujeres cargando bolsas y paquetes igual que hormigas apuradas anticipándose a la tormenta.
La ciudad es un incesante ir y venir y la actividad comercial se “democratiza” permitiendo el acceso de las grandes mayorías a gastos no habituales o poco frecuentes.
No quisiera asociar alegría ni mucho menos felicidad con capacidad de compra, sería muy burdo de mi parte. Sin embargo convengamos que aunque el dinero no haga la felicidad ayuda bastante. Me refiero a un consumo medianamente controlado y no al consumismo exacerbado o poco previsor. Esto viene a cuento porque-pongo un ejemplo- que dos señoras de condición humilde confiesen ante la cámara de un noticiero haber gastado cinco mil pesos en fuegos artificiales se me ocurre disparatado.....¡enero es un mes larguísimo!. Sin embargo, en términos generales me causa satisfacción que aquellos que menos disponibilidad monetaria tienen puedan darse esos gustitos tan humanos, hecho que sólo el último mes del año ambienta y propicia.
Diciembre es también el mes de las ferias vecinales en todo su esplendor multicolor y de aromas frutales, el mes en que las playas se visten definitivamente de verano, el mes de los días más largos y de las noches intensamente estrelladas, el mes en que muchos avizoran ahí nomás sus licencias, el mes en que los estudiantes de cualquier edad se liberan del “yugo” de las aulas y el mes, naturalmente, de las reuniones familiares y de amigos.
¿Qué más podemos pedirle?
Por si todo lo expresado fuera poco, el 23 de diciembre cumplía años mi padre –fecha que continuamos celebrando- y el 31 cumplirá mi madre con sus increíbles 83 años a todo vapor, entre la cocina y la computadora.
No caeré en la ingenuidad de aquella canción que decía: “la gente en las calles parece más buena”, pero sí es notorio observar en los rostros de cada quien, el sentimiento de sentirse gratificados, de algún modo premiados luego de un año de labor.
Más allá de las positivas sensaciones que este mes despierta en mí y seguramente en casi todos-siempre hay excepciones-, está claro que no soportaríamos el vértigo de doce diciembres al año.
Cuando era un adolescente pensaba, en realidad lo sigo pensando, que en el último mes de año se concentraban demasiados motivos para festejar, tantos que el tiempo no nos alcanzaba para disfrutarlos debidamente.
Todo empezó con el calendario gregoriano y ya no fue posible dar marcha atrás.
En cinco días más termina el 2010....¡salud querido diciembre!.
Y bienvenido enero, por supuesto, que la vida nos sigue ofreciendo su atractivo y cambiante menú.
Sepan los interesados lo que ya saben:  hasta el segundo lunes del 2011 el equipo de CAUTIVA se toma un merecido descanso como suele decirse.
Hasta entonces.

 LCA.

   
 





En Cautiva somos profesionales trabajando en una agencia de publicidad y también somos personas haciendo lo que nos gusta, buscando siempre hacerlo un poco mejor.Es que vivir de lo que nos apasiona tiene como consecuencia natural querer crecer todo el tiempo, buscar hasta descubrir algo nuevo para contar o encontrar una nueva manera de hacerlo.

En Cautiva nos inspiran las ideas, nos
mueven las estrategias y nos une el sentimiento de equipo.
En Cautiva hacemos de la comunicación un diálogo, con los consumidores y con nuestros clientes, dedicándonos a que crezcan y desarrollen sus marcas junto a nosotros.

 
 
 

LA OFICINA DEL JEFE

Multiplicar los Desachates...+
¡Salud Diciembre!...+
El Día de...+
Sobre jueces, jurados y justicias....+
¿Mundial?...¿qué Mundial?...+
¿La publicidad uruguaya está en crisis?...+
Estamos de estreno ...+

 

PLAY ROOM

El equipo de Cautiva vive de la publicidad
pero se alimenta de un montón de cosas.
...+

 
 
   
 
 
 

2009 © Cautiva, Uruguay - Todos los derechos reservados · Gonzalo Ramírez 2117 - P.9 · (598) 2410 54 63 – 64 · cautiva@cautiva.com.uy · cautiva.com.uy