Multiplicar los Desachates

 

Word me corrige: sugiere que use las palabras desacates o incluso el improcedente desfachatez; no le parece correcto que yo escriba Desachates.
En tanto hay algo de desacato en lo que pretendo expresar, tomo impulso y reivindico los desacates que tenemos que asumir no ya contra ninguna autoridad o dogma en particular, sino contra nuestras propias limitaciones, autocensuras y demás debilidades. 
Esta primera persona del plural refiere a los directores de agencias y a los anunciantes porque, si en un mundo –un mercado para ser más preciso- tan cambiante como el actual pensamos que ya lo sabemos todo, en realidad no sabemos casi nada.
La actitud de apertura mental, de aprender y aprehender, no es privativa de los jóvenes. Los que ya contamos nuestra relación con lo publicitario en términos de décadas y no de años, también o por esa misma razón tenemos la necesidad de estar alertas; ojos y oídos bien abiertos a entornos, tendencias, desafíos, contextos, etc.
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De la convocatoria al primer “Desachate”  tengo el recuerdo, obviamente lejano y bastante difuso, de una propuesta innovadora, sorpresiva, prometedora, urgente, esperanzada, ingeniosa (siguen adjetivos). No fue parejo el nivel de adhesión, puedo decirlo con propiedad. Algunos, quizá los más, “abrazaron la causa” con entusiasmo; otros no creyeron demasiado en los objetivos, contenidos y desarrollos prometidos, sospechando deslices de snobismo y hasta, para decirlo mal y pronto o de la mejor manera posible: tufillo a joda.
Habíamos salido hacía pocos años de la oscura y uniformada lógica de por la fuerza o por la fuerza, sin razones que pudiesen interceder para despejar tanta negrura o grisura de acuerdo al análisis de cada cual.
A nivel estrictamente publicitario, opinión personal claro está, eran tiempos de preeminencia creativa de la gráfica, bastante por encima de las producciones televisivas, y seguramente mucho más aún que las realizaciones para Radio o Vía Pública. Veníamos de perder, en buena medida, el embeleso por los comerciales argentinos que, siendo en su momento paradigmáticos para unos cuantos de los que trabajábamos de este lado del Plata por su cuidada producción global, ya no agradaban o sorprendían como en el pasado. Rotó el eje de nuestra curiosidad y pusimos mucha atención en lo que se hacía en Brasil. Asimismo y por cuestiones de pertenencia iberoamericana, nos cautivó la refrescante creatividad española - valga el oxímoron - que se hallaba en plena ebullición.
Naturalmente que cada tanto, es decir no con la fantástica inmediatez de hoy en día, accedíamos a las obras del primer mundo publicitario.
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Desde una óptica institucional creo que estábamos atravesando un período de desencuentros en el seno de AUDAP – fisuras, divisiones, etc- y más o menos coincidentemente se creaba el Círculo Uruguayo de la Publicidad, emprendimiento liderado por los referentes creativos de entonces.
Poco puedo aportar sobre su génesis y tampoco es el propósito de estas reflexiones historiar acerca de algo que puede obtenerse de primera mano en la propia web del Círculo (imperdible la foto de la primera directiva....¡rigurosas y prácticamente unánimes corbatas!).
Nostalgias sepias aparte, me queda la interrogante de saber quién acuñó, de forma tan certera, la denominación “Desachate” para definir al evento (si alguien tiene el dato por favor felicite de mi parte al autor).
Es que estábamos realmente achatados, encerrados en nuestra realidad poco diversa, sin respaldos académicos aunque, eso sí, siempre voluntariosos, con agencias de luces encendidas hasta altas horas pero sin poder ganar en altura de miras.
No puedo dejar de reconocer que a pesar de ello se hacían buenas cosas, algunas incluso muy buenas, pero en general se hallaban en los medios de prensa, afirmación arbitraria del suscrito basada meramente en la memoria pero no exenta de verosimilitud (bastaría únicamente mencionar cómo se desaprovechaba, por ejemplo, un Medio como la radio).

Para no empantanarme vuelvo al tema central: el Círculo nació con un “Desachate” debajo del brazo que, a lo largo de sus casi XXII ediciones y sin perjuicio de que unas hayan resultado más logradas que otras, demostró su incuestionable importancia para el crecimiento de la publicidad uruguaya.
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Recuerdo haber tenido un mano a mano de casi dos horas con Washington Olivetto acodados en una barra, sin prisa y en perfecto portuñol.
Confieso que después de esa charla en exclusiva y abusando de la cortesía –había pasado largamente la medianoche- del laureado y cansado publicista brasilero, salí a la brisa nocturna con la cabeza llena de respuestas, planes, ideas, cosas por hacer y, sobre todo, más y más preguntas lo cual no es una paradoja sino el efecto deseado: que te cuestiones, que te preguntes por qué de este modo y no de otro, que no te conformes con el primer “pájaro en mano”, que “le pidas peras al olmo”....
Anatómicamente yo seguía midiendo mi metro ochenta y tres, profesionalmente me percibía más “alto”, literalmente desachatado.
Lo relatado es apenas una fugaz anécdota que atesoro por lo que ella significó no tanto para aquel presente cuanto para los tiempos que habrían de venir.
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En verdad el “Desachate” siempre fue concebido como un evento de puertas abiertas, una invitación a todos aquellos vinculados al mundo de la publicidad sin restricciones.
No obstante, y sobremanera con el transcurrir de los años, las insalvables brechas generacionales fueron convirtiendo a los sucesivos “Desachates” en instancias para “menores de”. Nunca fue una regla escrita, cierto, pero las circunstancias así lo determinaron.
A mi juicio es correcto que ello ocurra de tal modo puesto que favorece empatías e intercambios, manejo de códigos similares, análogas inquietudes, etc. Desde luego que las disertaciones de los conferencistas invitados constituyen aportes de gran valía. Sin embargo, el “Desachate” es además una oportunidad fructífera de intercambio entre iguales, un reto a cada instante, un reconocerse en los demás para crecer profesionalmente.
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Más allá de que AUDAP o la Cámara de Anunciantes organizan eventos-convengamos que generalmente escasos y de corta duración- para sus agremiados, albergo la idea de que tanto los directores de las agencias como de las empresas anunciantes podamos tener alguna vez nuestros sendos “Desachates” (desde ya que comprometo mi aporte si la propuesta prospera).
En definitiva, no tiene sentido que nuestros publicistas, sean del área que sean, se desachaten y que nosotros o nuestros anunciantes permanezcamos eventualmente achatados, atascados en la perentoriedad del día a día.
Por eso creo del caso multiplicar los “Desachates”-o como se les desee llamar-, para reproducir sus positivos efectos en todos los sectores beligerantes.
La prosperidad de la industria publicitaria y por ende de todos los anunciantes del país, requiere que  hagamos foco en similares objetivos de superación.

 

 LCA.

   
 





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