Con la ayuda de google y demás buscadores, convocando a tu memoria o apelando a otras fuentes de información, vas a lograr conformar una muy completa efemérides sobre los diversos “Día de...”.
Admito que estoy sugiriéndote un plan de escaso atractivo pese a que seguramente encontrarás aspectos interesantes.
Los hay de muchos tipos claro está; desde los muy loables hasta los profundamente ridículos, desde los que llaman seriamente a la reflexión hasta los que llaman alegremente a la risa.
Empezando por el día de tu cumpleaños y siguiendo por los “Día de...” nacionales, regionales y mundiales, comprenderás que es una costumbre muy humana eso de andar fechando acontecimientos de mayor, menor o ninguna importancia.
En esa búsqueda estaba yo intentando averiguar la génesis del Día de la Publicidad que se celebra el 4 de diciembre.
La respuesta no me resultaba perentoria, simplemente era por mera curiosidad ya que, después de tantos años en esta actividad, nunca supe porqué se había elegido tal fecha.
Confieso que imaginaba un origen más o menos lejano en el tiempo y en el espacio. Acerté en cuanto a la data pero me equivoqué rotundamente en lo atinente a la geografía (¿no hubieras jurado que el “Día Mundial de la Publicidad” había sido oficializado en USA o acaso Inglaterra?)
Parece ser-digo “parece” a la luz de viejas disputas sobre la nacionalidad de Carlos Gardel, el dulce de leche, etc- que fue un grupo de diseñadores argentinos quienes instauraron en 1936 la citada fecha en ocasión de la fundación de la “Asociación de Jefes de la Propaganda”, denominación tan antigua como enigmática.
Más allá de las referidas rencillas con nuestros hermanos argentinos que se arrastran desde las épocas coloniales, me resultó sorprendente que justo allende el Plata hayan instaurado “nuestro día”.
Por las dudas consulté en AUDAP e incluso enviamos un par de correos a veteranos de la profesión. Hasta el momento sin novedades, o sea, debe ser cierto.
Uno a cero y pelota al medio.
Obviamente no da el asunto para andar reclamando paternidades, después de todo es meramente una fecha en el calendario.
Casualmente este año nos encontrará el sábado 4 de diciembre a todos los integrantes de CAUTIVA despidiendo el año, por así decirlo, puesto que hay varios temas pendientes de resolución que nos mantendrán ocupados hasta finales de mes.
Siempre nos prometemos disfrutar a pleno de ese día, de la picada, del asado, de la playa, de la música, de la charla agradablemente desordenada y eufórica, de los postres, sin poner sobre la mesa cuestiones de trabajo.
Inevitablemente y a pesar de los esfuerzos de tal o cual, algunos torpes caemos en la trampa de merodear territorios publicitarios, generalmente desde la ingenuidad evocando episodios pasados, anécdotas una y mil veces contadas.
Como una cosa trae a la otra, de pronto nos vemos enfrascados en discusiones acerca de algo que hicimos, que estamos haciendo o que tenemos que encarar con urgencia hasta que alguien, oportunamente, practica un zapping medio gritado... ¡che, paren la mano, no vinimos a trabajar! -convengamos que la frase en cuestión no suele ser tan prolija- y se recompone la situación de festividad, todos contestes en que ¡no, por supuesto que no, no vinimos a trabajar!..
Ocurre que no es sencillo desenchufarse en esta profesión, las cabezas siguen pensando sin que importe demasiado si es a nivel consciente, subconsciente o inconsciente. Cuando sos publicista, cualquiera sea tu área de trabajo dentro de una agencia, te llevás “tarea domiciliaria” aunque no quieras. Esto va más allá del sentido de la responsabilidad o del entusiasmo que se experimente por el oficio; creo que el hecho de vivir en un tiempo de publicidad omnipresente, con perdón de todos los anti, nos hace difícil sustraernos al entorno.
Tampoco debe entenderse que somos una secta de alienados incapaces de abandonar el trillo; no lo vivimos como una condena, simplemente lo publicitario en su sentido más amplio corre por nuestra venas, lo cual no es óbice para que sepamos disfrutar de los placeres de la vida como cualquier mortal.
Volviendo al tema, rendiré homenaje no tanto al Día de la Publicidad cuanto al día de todo el equipo de la agencia. Sin “jefes de la propaganda”, sin caciques, pura indiada nomás.
En reuniones así y con mi gente, no soy nada serio ni formal. Por ello no pediré la palabra para realizar balances ni evaluaciones.
Todos saben que fue un buen año para CAUTIVA, que incorporamos clientes, que ninguno se marchó, que mejoramos en muchos aspectos, que consolidamos procesos, que tenemos en el horizonte proyectos bien concretos, que terminamos el 2010 a buen ritmo y que tendremos, para empezar con buen pie, un enero 2011 ciertamente movido.
Por ahora es todo lo que quería compartir contigo, seas quien seas y estés donde estés.
Te deseo, mejor dicho, te deseamos lo mejor.
Quizás hasta algunas fotos del evento terminen siendo subidas a la web para ahorrarte el temido palabrerío de esta oficina.
LCA. |